domingo, 14 de junio de 2009

SOBRE LA GRIPE PORCINA EN POLÍTICA


Como todo el mundo sabe, la peligrosidad del virus de la denominada gripe A consiste en la capacidad que posee para mutar e infectar a nuevas especies, incluida la humana. Dicho esto, y a tenor de las declaraciones hechas por el alcalde y su adlátere sobre la subvención irregular al equipo de fútbol de HIASA, uno no puede dejar de sospechar que dicho virus ya afectó a determinados políticos. Estos dos señores, respecto al caso que nos ocupa, ya dijeron de todo: desde que «no salió ni un euro de este Ayuntamiento» hasta que «fue en agradecimiento por su colaboración». Lo que sí mantuvieron desde el primer minuto, es que nuestro grupo, dijese lo que dijese, mentía. Por lo tanto, no les importa que aportásemos el decreto firmado el 16 de abril, por el cual, se aprobaba la concesión de una subvención de 3.300 euros al equipo de fútbol de HIASA. Tampoco les importa que denunciásemos que dicha subvención es irregular, ya que, está fuera de plazo (el plazo son los meses de febrero y marzo) o que no viene avalada por el preceptivo informe del interventor en el que tenía que advertir de todas estas irregularidades, y por supuesto, tampoco aceptaron que la cantidad aportada a la empresa fuese superior a la de cualquier asociación o club deportivo del concejo, a excepción del Marino.
Aquí, lo que realmente importa, es que nosotros mentimos y punto (adiós mayoría absoluta adiós). Pues bien, todo lo dicho anteriormente se puede verificar empíricamente y por lo tanto no es objeto de discusión (ya sabemos quién miente). Ahora viene una segunda parte, en la que cometer una presunta ilegalidad a sabiendas (prevaricación) y con dinero público (malversación de caudales públicos) entra en el terreno de la demostración jurídica.

Por lo tanto, personalmente, espero que sean los tribunales los que diriman este asunto, ya que no me considero capacitado para establecer un debate dialéctico con el teniente alcalde (su estatura intelectual y su gesto elegante y aristocrático lo hacen inexpugnable).
Tampoco me atrevo con el verbo ágil e ilustrado del Sr. Alcalde. Desde luego, la superioridad moral de estos dos señores, avalada sin mácula alguna, por los cientos de kilómetros religiosos recorridos en procesión contrita y con paso y rictus penitente, son suficientemente esclarecedores para ahuyentar la más mínima sospecha sobre tan intachable proceder. Lo dicho, que la gripe porcina mutó a la política.

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